Auriculoterapia

¿Para qué sirve?

Es una técnica muy útil para tratar dolores de cualquier tipo (contracturas, infamaciones musculares, tendinitis, dolor articular, cefaleas…) así como ansiedad, problemas para conciliar el sueño, e incluso para la tos o la alergia.

Destacan su fácil manejo, los buenos y rápidos resultados, lo económica que resulta, y que no interfiere en otro tipo de tratamientos ni tiene contraindicaciones, aunque es importante tomar ciertas precauciones en el caso de mujeres embarazadas o personas con una salud delicada.

¿Qué pasa en una sesión?

 Relleno la ficha del /la paciente: información de contacto, patologías previas y qué espera conseguir; en función de su respuesta, elijo unos puntos determinados y aplico sobre ellos unas semillas (cuya función es estimular los puntos seleccionados), que se adhieren con un esparadrapo. Para problemas persistentes o más complejos, también sopeso el uso de agujas para la estimulación de los puntos.

Historia

La primera información relacionada con esta terapia data del 2500 A.C en China (compilado en el “Su Wen, Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo”), aunque hacía referencia sobre todo a la cauterización o sangrado del pabelló auricular. También se han hallado referencias a esta técnica en el antiguo Egipto, así como en la Roma y Grecia antiguas. Se sabe que los marineros llevaban un aro en el lóbulo porque mejoraba la agudeza visual.

La Auriculoterapia como se la conoce hoy, fue descubierta en Occidente por el Dr. Paul Nogier en 1950; cuando observó en uno de sus pacientes una cicatriz por cauterización en la aurícula, que había eliminado por completo un dolor en el nervio ciático, lo que le llevo a estudiar el tema más a fondo. Con la ayuda de un medidor de resistencia eléctrica (buscador de puntos), acabó creando un «mapa» del pabellón auricular como un feto invertido. A finales de los 80, la OMS organizó encuentros con el fin de estandarizar los puntos de auriculoterapia y crear una cartografía auricular unificada.